viernes, 20 de abril de 2012

La convivencia en el aula

La realidad de nuestros centros escolares

Los medios de comunicación muestran con frecuencia situaciones de violencia en los centros escolares. En ocasiones estos sucesos adquieren tintes dramáticos: profesores agredidos por sus alumnos o por los padres de estos, acoso entre los propios alumnos…
La situación en nuestro país, en cuanto a problemas de auténtica violencia escolar, no es algo frecuente, sino esporádico y por supuesto no cotidiano en nuestras aulas. Otra cosa son los problemas de convivencia y disciplina que, efectivamente existen y angustian al profesorado, especialmente al de Educación Secundaria.
Es en estos momentos, cuando los problemas derivados de la convivencia, aún no alcanzan dimensiones alarmantes cuando se hace preciso reflexionar detenidamente.
Retardar aún más la toma de medidas, favorece la creación de un ambiente que acabará por ahogar las posibilidades de intervención educativa favoreciendo la adopción de posturas únicamente sancionadoras y duras que no creemos que sean la verdadera solución de estos problemas.
En definitiva, el problema existe y, en la medida en que afecta a todos los sectores de la comunidad escolar, es preocupante. Se dan situaciones en las que porcentajes nada despreciables de muchachos agreden, además de forma continuada, a sus compañeros. La situación es todavía más lamentable cuando la víctima lo es por padecer alguna discapacidad psíquica o física o, sencillamente, ser diferente. Las agresiones pueden ser físicas (golpes), verbales (insultos), contra las pertenencias (hurtos) o simplemente de exclusión del grupo. Pero al tener carácter continuado en el tiempo (cosa que sucede la mayoría de las veces) pueden generar mucho sufrimiento.
Otros problemas que alteran el ritmo normal de la vida escolar son los derivados de la llamada disrupción, o sea problemas de convivencia entre profesores y alumnos, normalmente en el ámbito del aula. Esta problemática habitualmente se denomina como de disciplina, palabra que, debido al uso peyorativo que se ha hecho de ella en el sentido de identificarla con la adopción de medidas exclusivamente punitivas, se puede rechazar. No obstante, hay que tener en cuenta que etimológicamente disciplina viene de discipulus, palabra ajena a toda connotación negativa.
La disrupción figura como el segundo problema que afecta al profesorado, especialmente de la ESO hasta el punto de constituir una de las causas más importantes del llamado “malestar docente”.
Los fenómenos asociados a la disrupción distorsionan el ambiente de trabajo, provocan una disminución en el rendimiento escolar y docente, enrarecen el clima de tolerancia y respeto y son el origen de serias alteraciones psíquicas en parte del profesorado.
Como consecuencia de la llegada a España de un creciente número de inmigrantes, un 2% de nuestro alumnado está constituido por chicos/as provenientes de otros países, especialmente del Norte de África y de América. Según los resultados de algunas encuestas (profesor Calvo Bueza) un elevado porcentaje de la población escolar manifiesta actitudes y opiniones racistas. Ante esto, es preciso prevenir antes que curar, impartiendo en los centros enseñanzas que giren en torno a la tolerancia, el respeto a la diferencia y la convivencia en la diversidad, así como de interculturalidad. Asimismo, en España perviven ideas y comportamientos machistas que afectan aún a una parte significativa de la población y son transmitidos junto con otros hábitos y tendencias subculturales a través de la familia, el entorno del barrio, los medios de comunicación… A veces, estas actitudes degeneran en diversas formas de violencia ejercida contra las mujeres.

¿Qué podemos hacer desde la escuela?

La primera puntualización a esta pregunta es que la escuela comparte su función socializadora con la familia, los grupos de iguales, el entorno del barrio/pueblo, los medios de comunicación…y, por lo tanto, hay que ajustar las expectativas puestas en el papel de la escuela a la realidad de su papel en la sociedad. En definitiva, no podemos considerar toda la problemática de la juventud única y exclusivamente a resolver por la escuela y sus profesionales.
No debemos caer en la contradicción de guardar silencio ante las graves distorsiones de los valores en casi todos los entornos sociales y pretender que las instituciones educativas acaben transformándolo todo como si no existieran otras influencias.

Modalidades de problemas que afectan a la convivencia escolar

Relaciones conflictivas entre profesores y alumnos (disrupción)

Las acciones más habituales de indisciplina son: alboroto dentro y fuera del aula, faltas de respeto hacia compañeros y compañeras, destrozos en las instalaciones, agresiones morales, faltas de respeto hacia profesores/as y absentismo escolar.
Las situaciones de indisciplina suelen ir en aumento debido a determinados factores: desinterés del alumnado, problemas familiares, presencia de alumnos repetidores, presencia de grupos intolerantes, profesorado que no ejerce su función, desinterés de los profesores, alcohol y drogas.
Los comportamientos que agrupamos bajo la denominación de disrupción no son propiamente violentos, ni tan siquiera agresivos. Se trata de conductas aisladas y al mismo tiempo muy persistentes, que manifiestan consistentemente algunos alumnos en el aula y que, en su conjunto, podrían calificarse de boicot permanente al trabajo del profesor, al desarrollo de la actividad del aula, y al trabajo de los demás alumnos: faltas de puntualidad, cuchicheos, risas, provocaciones constantes al profesor, comentarios hirientes en voz alta acerca del profesor, de un compañero o de la propia tarea, insultos, pequeñas peleas y robos, y en definitiva desafíos de todo tipo a las normas de convivencia dentro del aula. Por poco frecuente y grave que sea, la disrupción distorsiona el flujo normal de las tareas que se desarrollan en el aula y fuerza al profesor a invertir buena parte del tiempo de enseñanza en hacerle frente.

El problema de la violencia entre iguales (bullying)

Los tipos de maltrato estudiados son: insultos, hablar mal de alguien, poner motes, esconder cosas, ignorar, no dejar participar, amenazas para meter miedo, robar cosas, romper cosas, pegar, acosar sexualmente, obligar a hacer cosas y amenazar con armas. En el maltrato se participa como agresor, víctima y espectador.
Consecuencias de la violencia entre iguales: Uno de los problemas de la violencia entre iguales es el hecho de que sus efectos no se limitan tan sólo al periodo escolar, sino que puede tener consecuencias en la vida futura. Tanto en las víctimas, como en los agresores y en los espectadores.
En cuanto al agresor, se va convirtiendo, poco a poco, en un individuo que cree que las normas están para saltárselas y que no cumplirlas puede llegar a proporcionar un cierto prestigio social. Todo ello resulta dañino para su autoimagen y su valoración moral; va aumentando el riesgo de acercamiento a la pre-criminalidad, si no encuentra a tiempo elementos educativos de corrección que reconduzcan su comportamiento antisocial.
En cuanto a los espectadores el efecto suele ser la insensibilización ante la violencia, inhibición y retraimiento a la hora de ayudar y de ofrecer otras respuestas solidarias.

La violencia inespecífica

Hay que hacer frente a la violencia por las consecuencias que tiene para las víctimas, para el propio agresor y por la repercusión que estas conductas pueden tener en el futuro de sus protagonistas.
Convivir con la violencia aumenta el riesgo de ejercerla o de convertirse en su víctima, especialmente cuando la exposición cotidiana a la violencia se produce en etapas de la vida de especial vulnerabilidad como la infancia o la adolescencia.
Conviene tener en cuenta que la violencia incluye componentes de diversa naturaleza en torno a los cuales se debe orientar la intervención:
  1. Componente cognitivo. En el fenómeno de la violencia subyacen deficiencias cognitivas que impiden comprender los problemas sociales y que conducen a conceptualizar la realidad de forma absolutista y dicotómica (en términos de blanco y negro), graves dificultades para inferir adecuadamente cuales son las causas que originan los problemas, la tendencia a extraer conclusiones excesivamente generales a partir de informaciones parciales y sesgadas, problemas en el procesamiento de la información y en la toma de decisiones...
  2. El componente afectivo. El riesgo de violencia aumenta cuando ésta se asocia a valores o personas con las que el sujeto se identifica. Una de sus principales causas suele ser el sentimiento de haber recibido un trato injusto, lo que provoca una intensa hostilidad hacia los demás así como la tendencia a asociar la violencia con el poder y a considerarla como una forma legítima de respuesta al daño que se cree haber sufrido.
  3. El componente conductual. La violencia suele producirse por la ausencia de habilidades para resolver los conflictos sociales sin recurrir a ella.

La violencia de origen racista y/o xenófobo

El racismo y la xenofobia existen en España y este tipo de prejuicio también ha calado en la población juvenil.
Adoptar una identidad racista pude procurar: Integración en el grupo de referencia, reducción de la incertidumbre sobre la propia identidad, proporcionar experiencias de poder y protagonismo social.
Los centros educativos deben desarrollar programas de prevención de la violencia por motivos de racismo y/o xenofobia para prevenir posibles conflictos de convivencia e incluso para promover cauces de educación intercultural.

La violencia de género

La violencia de género –máximo estadio que puede alcanzar una concepción perversa de las relaciones hombre-mujer- es otra de las modalidades de violencia más frecuente en nuestra sociedad y cuya aparición puede prevenirse desde la institución escolar.
La violencia de género sirve como un mecanismo de control que dificulta a las mujeres el desarrollo de capacidades y el ejercicio de posibilidades que no hayan sido pautadas previamente para su “grupo sexual”.

¿Qué se puede hacer para mejorar la convivencia?

El deterioro del clima de convivencia tiene muchas causas y por ello no hay una única solución. No creemos que la solución consista sólo en aplicar la normativa o en reforzar la imagen social del profesorado o en pedir repetidas veces al alumnado que abandone ciertas conductas.
Proponemos una serie de actuaciones:
  • Revisión de la situación del centro en cuanto a convivencia se refiere (identificación de los principales problemas de convivencia, análisis de sus orígenes, frecuencia, lugares donde ocurren, clima relacional del centro…)
  • Concienciación de la comunidad educativa ante la necesidad de una actuación educativa y una preparación ante los cambios (generar motivación para iniciar el trabajo, asunción de compromisos en cuanto a espacios y tiempos que van a dedicarse...)
  • Adoptar medidas para la efectiva democratización de la vida en el centro. Participación activa del alumnado (estimular el entendimiento sin imposiciones, fomentar el diálogo entre todos, contemplar el punto de vista diferente, facilitar la asunción por parte de todos de las normas establecidas democráticamente asumiendo un concepto más cercano a una comunidad…)
  • Regulación democrática de los conflictos (elaboración consensuada y activa del RRI y de las normas de convivencia, constitución de la Comisión de Convivencia, equipo de mediadores entrenado en la resolución de conflictos, técnicas de resolución pacífica de conflictos…)
  • Favoreciendo la integración de todas y todos (utilizar el aprendizaje cooperativo en grupos heterogéneos, trabajar la autoestima, trabajar con las familias en el apoyo escolar a sus hijos/as…)
  • Participación de los padres y madres en la educación de sus hijos (ayudándoles a conocer las características de sus hijos/as desde una perspectiva evolutiva, colaborando con ellos en la resolución positiva de conflictos que puedan generar ambientes familiares violentos, convirtiéndoles en colaboradores activos de las actuaciones del centro a favor de la convivencia…)
  • Intervenciones en el currículo transmitidas con metodologías participativas (educación en valores y temas transversales, educación para la Paz, Coeducación, educación Intercultural…)
  • Medidas de coordinación con comunidades autónomas, ayuntamientos, ONGs y otras entidades de carácter social y/o educativo (pueden abordar problemáticas familiares, actividades impartidas por monitores de ocio y tiempo libre, refuerzos educativos, gestión de ayudas a la escolaridad, atención sanitaria…)

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